La Madre María Fátima recorre con otras religiosas los jardines del Monasterio de la Visitación, en Pilar

La vida en nuestro Monasterio, contada por La Nación

A pocos días de la apertura del año jubilar por los 150 años de la Visitación en la Argentina, el diario La Nación visitó nuestro Monasterio de Pilar y conversó en el locutorio con la Madre María Fátima, superiora de la comunidad, y con Sor María Gabriela. La nota, firmada por Camila Sánico Ainchil, recorre las dos hectáreas del predio (la sala de coro, la cocina, la huerta, la gruta mariana y el cementerio) para responder una pregunta que muchos se hacen desde afuera: ¿qué hacen estas mujeres detrás de la reja? Compartimos aquí un resumen.

Una comunidad de 16 hermanas

En el Monasterio viven hoy 16 religiosas. Es el único de la Orden de la Visitación en la provincia de Buenos Aires y mantiene un vínculo muy estrecho con el monasterio de Río Cuarto, en Córdoba, que nació como fundación de Pilar. Seis de las hermanas están en formación: llegar a ser monja de clausura es un camino de años en el que la aspirante y la comunidad disciernen juntas si la elección puede volverse definitiva. Cada etapa se reconoce en la apariencia: primero el pelo descubierto, luego el hábito y el velo blanco del noviciado, después los votos temporales y, por último, la profesión solemne, con el velo negro y los votos definitivos de pobreza, castidad y obediencia.

Orar por el mundo

El día comienza alrededor de las 5.20 con una hora de oración personal, seguida de laudes y de la Misa. Las hermanas explican que vivir apartadas no significa desentenderse de lo que pasa afuera: algunas siguen la actualidad y comparten con el resto lo que consideran importante. En un pizarrón anotan países, conflictos, tragedias y pedidos de oración que después llevan al coro. Sor María Gabriela lo resume con una imagen: «La vida contemplativa sería como el corazón. No se ve, pero está bombeando».

La clausura tampoco impide toda salida. Una o dos hermanas se ocupan de las gestiones que requieren atravesar las puertas, como ir al médico o resolver una compra, y el resto de las provisiones llega hasta el Monasterio. La tecnología tiene su lugar, con límites: los celulares son compartidos y se usan para la administración, y desde hace un año la comunidad ofrece sus productos por WhatsApp e Instagram con la ayuda de una colaboradora externa.

El trabajo de cada día

Nada reemplaza el trabajo manual: cocinan, limpian, cosen, preparan mermeladas y rosarios y cuidan la huerta. El principal sustento de la comunidad es la elaboración de hostias. Las planchas se cocinan durante horas, se humectan y se cortan al día siguiente. La demanda creció tanto que hace poco, con ventas y donaciones, se compró una máquina nueva. Ante la posibilidad de una visita del Papa a la Argentina, las hermanas recibieron un pedido de un millón de hostias para las celebraciones del viaje, un desafío enorme para una comunidad de 16 mujeres.

El llamado

Cada una llegó por un camino distinto. Sor María Gabriela tenía 18 años, estudiaba Odontología en la Ciudad de Buenos Aires y llevaba una vida social activa cuando pasó diez días en Pilar para discernir su vocación. Ingresó en 1985. La Madre María Fátima creció en Tierra del Fuego; a los 17 un hermano seminarista la invitó a un retiro de cinco días en silencio y allí, cuenta, se enamoró de Jesús. Llegó a Pilar a los 18 años y hoy tiene 49.

La clausura no corta el contacto con las familias: reciben visitas y hablan por teléfono o videollamada. Renuncian a muchas cosas, entre ellas a tener hijos, pero hablan de una maternidad espiritual. Cuando Sor María Gabriela ingresó eran 35 religiosas; hoy son 16, y después de casi dos décadas sin incorporaciones que se consolidaran, ahora hay seis mujeres en formación. Entre ellas, una ingeniera agrónoma de 44 años que dejó su carrera, su departamento y su auto para entrar. Las hermanas relacionan este nuevo movimiento con el acercamiento de los jóvenes a la Iglesia durante el pontificado de Francisco.

150 años de historia en la Argentina

La Visitación fue fundada en 1610 en Annecy, Francia, por San Francisco de Sales y Santa Juana Francisca de Chantal, y desde su origen estuvo abierta a mujeres que por edad, viudez o salud no podían afrontar las austeridades de otras órdenes. En la Argentina el proyecto comenzó a gestarse en 1830 por impulso del sacerdote Pedro Antonio Pontegueda; el arzobispo Federico Aneiros lo continuó y las primeras religiosas llegaron desde Montevideo en 1876. La comunidad se instaló en la calle Larrea (Recoleta) en 1882, se trasladó a Flores en 1913 y en 1982 llegó a Pilar, a las dos hectáreas donadas por los Hermanos Maristas. Este año comenzaron las exhumaciones para trasladar al cementerio de Pilar los restos de unas 95 religiosas que descansan en el panteón de Flores.

El 8 de septiembre, a las 16, Monseñor Michel Wallace Banach, Nuncio Apostólico en la Argentina, preside la Misa que abre el año jubilar en el Monasterio de la Visitación, Champagnat 1199, Pilar. Por su condición de representante del Papa podrá ingresar al sector de clausura, normalmente reservado a la comunidad.


Fuente: La Nación, «¿Qué hacen estas mujeres encerradas?»: la vida entre la oración por el mundo y el trabajo dentro de un monasterio de clausura, por Camila Sánico Ainchil (4 de septiembre de 2026). Foto: Pilar Camacho / La Nación.

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