Biografía de la Santa

Nació el 22 de julio de 1647 en Verósvres, Francia, pequeña ciudad cercana a Paray-le-Monial; recibe el bautismo el 25 de julio. Fue la quinta de siete hermanos . Su padre, Claudio Alacoque, notario real, muere en 1655 y la madre, Filiberta Lamyn, ante la imposibilidad de ocuparse de los cinco hijos que le quedan, tiene que resolverse a llevar a Margarita a un pensionado religioso.

A consecuencia de una extraña enfermedad que le impide todo movimiento , Margarita no permanece allí más que dos años. Durante su enfermedad, al no encontrarse ningún remedio, se consagra a la Santísima Virgen: “le prometí que si me curaba, sería un día, una de sus hijas. A penas hice este voto, recibí la salud, acompañada de una nueva protección de la Virgen. Ella me reprendía mis faltas y me enseñaba a hacer la voluntad de Dios”. 

Sin embargo, una vez recobrada la salud, Margarita confiesa que no pensaba más que en divertirse, preocupándose poco de su promesa. Pero la vida en la familia se hace difícil. La adolescente va a sufrir y poco a poco va a volverse hacia Dios. Mientras tanto, los suyos pretenden casarla: se presentan buenos partidos. Tiene veinte años. Dice ella: “Jesús me lanzaba flechas tan ardientes, que traspasaban mi corazón y lo consumían dejándome como transida de dolor; pasado esto, volvía a mis resistencias y vanidades”. En una ocasión le dijo Jesús: “Te he elegido por esposa y nos prometimos fidelidad cuando hiciste voto de castidad, Soy Yo quien te movió a hacerlo, antes de que el mundo tuviera parte en tu corazón…Y después te confié al cuidado de mi Santa Madre, para que te formase según mis designios”. Finalmente Jesús se le aparece todo desfigurado, cual estaba en su flagelación y le dice: “¿Y bien querrás gozar de este placer? Yo no gocé jamás de ninguno, y me entregué a todo género de amarguras por tu amor y por ganar tu corazón. ¿Querrás ahora disputármelo? Así revivió en ella el deseo de la vida religiosa con tal ardor, que resolvió abrazarla a costa de cualquier sacrificio, aunque pasarían cinco años antes de poder realizarlo.

Finalmente entra en el Monasterio de la Visitación de Paray le Monial el 20 de junio de 1671. Un día Margarita pide a su Maestra que le enseñe a hacer oración. Ella le responde: “Id a poneros ante nuestro Señor como un lienzo delante de un pintor”. Escribe Margarita: “Mi Señor me hizo conocer que aquel lienzo era mi alma, sobre la cual quería trazar todos los rasgos de su vida dolorosa, y que los imprimiría después de haberla purificado de todas las manchas que le quedaban, ya de afición a las cosas terrena , ya de amor a mí misma”.

El 25 de agosto toma el santo Hábito: “Me dio a conocer este divino Esposo que este era el tiempo de nuestro desposorio, que debía amarle con amor de preferencia. Me declaró que, a la manera de los más apasionados amantes, me haría gustar, durante este tiempo, cuanto hay de más dulce en la suavidad de su amor”. La fecha de su Profesión religiosa se acerca, pero la comunidad duda en recibirla, por los hechos extraordinarios que ven en ella y que podrían apartarla del espíritu de sencillez y pequeñez de la Orden.

Jesús le dice: “Di a tu Superiora que no hay razón para temer el recibirte, pues Yo respondo de ti…Te haré más útil a la religión de lo que ella piensa; pero de una manera que aún no es conocida sino por Mí. Yo sabré hallar el medio de cumplir mis designios”. Hace su Profesión el 6 de noviembre de 1672. El Señor le hace penetrar también el misterio de su Pasión y Muerte, lo que le da para siempre un gran amor a la Cruz. De ahora en adelante, el Señor se va a revelar de manera constante a Margarita María y le confiará los secretos de su Corazón.

Las grandes revelaciones:

Primera revelación: 27 de diciembre de 1673. Fiesta de San Juan Evangelista.

Lo relata así: “Un día, estando delante del Santísimo Sacramento, me encontré totalmente penetrada de esta divina presencia; pero tan fuertemente, que me olvidé de mí misma y del lugar en que estaba, y me abandoné a este espíritu entregando mi corazón a la fuerza de su amor. Me hizo reposar largo tiempo sobre su pecho divino, en el cual me descubrió todas las maravillas de su amor y los secretos inexplicables de su Corazón Sagrado, que hasta entonces me había tenido siempre ocultos. Aquí me los descubrió por primera vez. Me dijo: Mi divino Corazón está tan apasionado de amor por los hombres, y por ti en particular, que no pudiendo ya contener en si mismo las llamas de su ardiente caridad, le es preciso comunicarlas por tu medio, y manifestarse a todos para enriquecerlos con los preciosos tesoros que te descubro, los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición. Te he elegido como un abismo de indignidad y de ignorancia a fin de que todo sea obra mía”.

Segunda revelación: A comienzos de 1674, tiene lugar esta manifestación:

“Se me presentó este Divino Corazón como en un trono de llamas, más brillante que un sol y transparente como un cristal. Estaba rodeado de una corona de espinas que simbolizaban las heridas hechas por nuestros pecados, y con una cruz , que significaba que desde el primer instante de su Encarnación, es decir, desde el primer momento que fue formado este Sagrado Corazón, la cruz estuvo plantada en él. Me hizo ver que el ardiente deseo que tenía de ser amado por los hombres y apartarlos del camino de la perdición, en el que los precipita Satanás en gran número le había hecho formar el designio de manifestar su Corazón a los hombres, con todos los tesoros de amor, de misericordia, de gracias, de santificación y de salvación que contiene, a fin de que cuantos quieran rendirle y procurarle todo el amor, el honor y la gloria que puedan, queden enriquecidos abundante y profusamente con los divinos tesoros del Corazón de Dios. Que se le ha de honrar bajo la figura de su Corazón de carne, cuya imagen quería ver expuesta y llevada por mí sobre el corazón, para grabar en él su amor y llenarlo de los dones de que está repleto, y para destruir en él todos los movimientos desordenados. Que esparciría sus gracias y bendiciones por donde quiera que estuviera expuesta su santa imagen para tributarle honores, y que tal bendición sería como un último esfuerzo de su amor deseoso de favorecer a los hombres en estos últimos siglos de la Redención amorosa.”

Tercera revelación: tuvo lugar probablemente el primer viernes de junio de 1674, en torno a la fiesta de Corpus Christi.

“Otra vez estando expuesto el Santísimo Sacramento, después de sentirme completamente retirada al interior de mí misma por un recogimiento extraordinario de todos mis sentidos y potencias, Jesucristo mi Amado se presentó delante de mi todo resplandeciente de gloria, con sus cinco llagas brillantes, como cinco soles y despidiendo de su sagrada humanidad rayos de luz de todas partes, pero sobre todo de su adorable pecho, que parecía un horno encendido; y habiéndose abierto, me descubrió su amante y amable Corazón”. Amante apasionado se queja del desamor de los suyos y así divino mendigo, nos tiende la mano el Señor para solicitar nuestro amor. “Entonces fue cuando me descubrió las maravillas inexplicables de su amor y el exceso al que le había conducido el amor a los hombres, de los cuales no recibía sino ingratitudes y desprecios. Me dijo: Está atenta a mi voz y a cuanto te pida para disponerte al cumplimiento de mis designios.”

Ante estas palabras Margarita solo podía expresar su impotencia. Él le dice: “Toma ahí tienes con qué suplir cuanto te falte”. Y del Corazón abierto de Jesús salió una llamarada tan ardiente que pensó que la iba a consumir, pues quedó muy penetrada y no podía soportarlo, por lo que le pidió que tuviese compasión de su debilidad. Él le respondió: “Yo seré tu fortaleza, nada temas, sólo has de estar atenta mi voz y a lo que exija de ti con el fin de prepararte para la realización de mis designios”. A causa de estas revelaciones tan extraordinarias Santa Margarita no fue comprendida por su entorno y sufrió muchas humillaciones que sobrellevó con amor y humildad. Tampoco se creyó al principio en la veracidad de dichas revelaciones, siendo considerada como visionaria. Sin embargo, el Señor le había prometido que su obra triunfaría a pesar de todos los obstáculos.

“La gran revelación”

Y llegamos a la manifestación más decisiva conocida como la gran revelación. Tuvo lugar en junio de 1675:“Estando una vez en presencia del Santísimo Sacramento, un día de su octava, recibí de Dios gracias excesivas de su amor…Entonces, descubriendo su Divino Corazón me dijo : He aquí este corazón que tanto ha amado a los hombres, que no se ha reservado nada hasta agotarse y consumirse para demostrarle su amor y en respuesta no recibo de la mayor parte sino ingratitud, ya por sus irreverencias y sacrilegios, ya por las frialdad y desprecio con que me tratan en este Sacramento de amor. Pero lo que me es mucho más sensible es que son corazones que me están consagrados los que así me tratan. Por esto te pido que sea dedicado el primer viernes después de la octava del Santísimo Sacramento a una fiesta particular para honrar mi Corazón, comulgando ese día y reparando su amor… Te prometo también que mi Corazón se dilatará para derramar con abundancia las influencias de su divino amor sobre los que le rindan este honor y los que procuren que le sea tributado.”

“Y respondiendo yo que no sabía cómo poder cumplir cuanto de mi deseaba hacia tanto tiempo, me ordenó dirigirme a su siervo, pues le había enviado para el cumplimiento de este designio”. Esta promesa empezó a cumplirse cuando en 1675 llegó a Paray le Monial el Padre Claudio de la Colombière s.j., quien efectivamente debía confirmar a la Santa en su camino y trabajar con sus Hermanos jesuitas en la difusión del mensaje.

El culto al Sagrado Corazón considerado al principio en el Monasterio como una devoción nueva tarda en ser aceptado. Las novicias son las primeras que el 20 de junio de 1685 honran al Corazón de Jesús haciendo un pequeño altar sobre el cual colocaron su imagen dibujada. Al año siguiente ya toda la comunidad celebra la Fiesta del Corazón de Jesús. Mas tarde escribiendo al Padre Croiset, fervoroso jesuita que se dedicó a extender esta devoción, la Santa dirá: “¡Ojalá pudiera contar todo lo que sé de esta devoción al Sagrado Corazón de Jesús y descubrir a toda la tierra los tesoros de gracia que Jesucristo encierra en su Corazón adorable y que quiere derramar con abundancia sobre todos los que la practiquen”. Santa Margarita María se esfuerza especialmente por obtener de Roma la aprobación de la Misa al Sagrado Corazón. Tiene la gran alegría de saber que la devoción se extiende incluso en el extranjero: “ahora moriré contenta pues el Sagrado Corazón de mi Salvador comienza a ser conocido”.

Los últimos días

Al fin de su vida escribe: “He tenido tres deseos ardientes: amar perfectamente a Jesucristo, sufrir por su amor y morir en el ardor de este amor.” Parece ver colmados sus deseos pues ya llega el momento en que afirma que no desea nada. Sus Hermanas nos relatan que se sintió mal la víspera del día en que se disponía a comenzar su retiro. Se acostó nueve días antes de su muerte y los empleó en prepararse a la venida del Esposo. En la tarde del 17 de octubre de 1690, habiendo Margarita María indicado previamente esta fecha como el día de su muerte, encomendó su alma a su Señor, a quien había amado con todo su corazón. Exhortó a sus Hermanas con su último legado: “amad al Amor, pero amadle con perfección”. Luego, tras pronunciar el Santo Nombre de Jesús, fue a abismarse dulcemente en su Corazón. Habían transcurrido los 43 años de su vida marcada por la alegría de la identificación con Jesús, su único amor y la realización de una misión: dar a conocer al mundo el amor de Dios hecho carne en Jesús, Hombre Dios.

Fue beatificada el 18 de septiembre de 1864 por Pio IX y canonizada por Benedicto XV el 13 de mayo de 1920.

Consagración a María por Santa Margarita María de Alacoque

"Yo te saludo, amable Señora mía, y digna Madre de Dios. Te venero y reverencio con todo mi corazón. Te consagro mi libertad y te suplico que seas la conductora de mis pasos, la guía de mi vida, la regla de todos mis proyectos y acciones y deseos. Virgen Santísima, sé la estrella de mi camino, el puerto seguro de mi salvación y de mi feliz eternidad. Te pido, dulce Refugio de los pecadores, que me protejas y me bendigas, y la gracia de vivir de tu vida y morir con una muerte semejante a la tuya. Amén."